Es el mecanismo en el que se puede producir un “estiramiento” o “distensión” de los ligamentos que forman parte del aparato de estabilización de las articulaciones. Esta patología, en la que se produce una distensión de los ligamentos, es más frecuente en las personas que realizan actividad deportiva.
En el esguince, la acción de exponer una articulación a un grado límite o máximo de desplazamiento deriva en la lesión del ligamento, finalizando así en un desencadenante de dolor en la zona. De manera objetiva, lo que se evidencia es una combinación de edema en los tejidos blandos. Este edema se acompaña de eritema, dolor a punta de dedo, calor en la zona, en ocasiones hematoma y una pérdida en los grados de movilidad. No en todos los esguinces se manifiestan todos los síntomas; esto dependerá de la gravedad de la lesión.
¿Cuáles son las localizaciones más frecuentes de los esguinces?
Tobillo, muñeca, rodilla, pulgar, seguidos de los esguinces cervicales, son los lugares donde mayoritariamente encontramos esta patología.
Clasificación de los esguinces
Grado 1 (leve):
- Suele haber una afectación menor de un 5% de las fibras. En este puede haber un menor grado de rotura microscópica.
- El dolor es moderado, la pérdida de función es leve, puede no existir inflamación o, en el caso de que la haya, será leve y la movilidad se mantiene normal.
Grado 2 (moderado) o rotura parcial:
- Aquí puede haber una disrupción incompleta de ligamentos, lesión de un 40-50%.
- Existe dolor con pérdida de función, inestabilidad e inflamación.
Grado 3 (grave) o rotura completa:
- Rotura completa con pérdida total o casi total de la función.
- Dolor con inestabilidad grande e inflamación.
Esguince de tobillo
Es la articulación con mayor prevalencia de esguinces. El mecanismo de producción más habitual es la inversión forzada del pie. Es una lesión que afecta a una gran parte de la población y en algunas personas se manifiesta con recurrencia. Esta recurrencia puede ocasionar inestabilidad crónica del tobillo y aparición, en un grado extremo, de artrosis de la articulación del tobillo.
Existen varios ligamentos en el tobillo susceptibles de distensión, pero los que mayor incidencia tienen son el ligamento lateral y, en concreto, su fascículo anterior, llamado ligamento peroneoastragalino anterior (LPAA). Después de este, el siguiente en número de afecciones sería el peroneoastragalino posterior, y el que presenta afección en muy pocas ocasiones de manera aislada es el ligamento lateral interno, también llamado ligamento deltoideo.
Pruebas diagnósticas
La radiografía puede servir para descartar de entrada fracturas óseas asociadas al mecanismo de producción, pero tiene el límite de que no es una prueba que permita ver los ligamentos u otras partes blandas.
La ecografía tiene el beneficio de ser una prueba inocua y puede encontrar señales de afección de estructuras blandas y, en ocasiones, diagnosticar fracturas óseas.
El TAC tiene su mayor rendimiento en el diagnóstico de alteraciones en el hueso.
La resonancia magnética puede ser la prueba más completa y específica para valorar el alcance de la lesión y su seguimiento terapéutico. Como parte negativa, tenemos el más difícil acceso en una fase temprana de la producción de la lesión.
Tratamiento
La estrella en la recuperación de la actividad dependerá de la rehabilitación que se lleve a cabo. Esta debe iniciarse lo más temprano posible de la mano de fisioterapeutas cualificados previamente con un diagnóstico médico. El tiempo y los ejercicios o terapias a realizar dependerán del tipo de lesión, gravedad, características intrínsecas del paciente y la actividad que realiza diaria o de manera competitiva en el caso de los deportistas.

