El entrenamiento interválico de alta intensidad o HIIT, como es conocido en sus siglas del inglés, está ganando adeptos de manera vertiginosa en los últimos años.
Este tipo de entrenamiento consta, grosso modo, de realización de breves series de ejercicios de intensidad moderada-alta separados por periodos de reposo relativamente cortos. Existen múltiples opciones y protocolos en cuanto a las ratios trabajo-descanso que pueden ir desde un ratio 3:1 hasta un ratio 1:1 (entendiendo este como un minuto de trabajo seguido de un minuto de descanso).
Uno de los modelos más famosos es el entrenamiento tipo Tabata el cual se caracteriza por 8 series de 20 segundos de trabajo seguidos de 10 segundos de descanso. En este caso el ratio de trabajo sería 2:1, siendo un trabajo altamente exigente.

La literatura científica cada vez se pronuncia más sobre este tipo de entrenamiento. Dentro de sus innumerables beneficios encontramos la mejora la potencia aeróbica máxima y la composición corporal.
Resulta altamente efectivo en situaciones en las que no se dispone de un tiempo elevado para realizar el entrenamiento, ya que en un periodo relativamente corto de tiempo conseguimos unos beneficios muy altos. Uno de los motivos por el que tenemos estos beneficios tan altos, es por su impacto en el entorno neuro-hormonal de nuestro organismo. Los picos de intensidad a los que estamos sometidos cuando llegamos a frecuencias cardiacas más cercanos a nuestro 80-90 de máximo de frecuencia cardiaca, inducen una respuesta en nuestro organismo que hace que se libere ciertos neurotransmisores que difícilmente se pueden liberar con cargas de trabajo más sostenidas como en los deportes en los que trabajamos a frecuencias cardiacas más moderadas.
La liberación de moléculas señalizadoras hacen que se activen rutas hormonales que consiguen que nuestro organismo esté con un nivel de actividad superior incluso cuando estamos en reposo. Estaríamos entrando en un mecanismo de adaptación a los niveles de intensidad elevados, siendo esta una de las bases del condicionamiento físico.
Las rutinas de HIIT se están incluyendo también en multitud de deportes que previamente no trabajan a niveles altos de intensidad, en los que se está generando muy buenos resultados, ya que este tipo de entrenamiento aporta una ayuda extra a los deportistas de competición, permitiéndoles soportar momentos en los que se requiere un impulso extra en la intensidad del trabajo.

Los estudios están intentando esclarecer si este tipo de entrenamiento puede tener beneficios extra en sujetos con síndrome metabólico, pudiendo sugerir una alternativa al tradicional ejercicio aeróbico de intensidad más moderada, que se venía recomendando hasta ahora.
Es fácil de comprobar que en los gimnasios y box actuales cada vez son más los preparadores físicos que siguen protocolos de entrenamientos tipo HIIT en distintos grados de intensidad. Muy populares se están haciendo las clases de entrenamiento funcional, cross training y Crossfit, un ejemplo característico de este tipo de entrenamiento.


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